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Vuelo libre... Corazón cautivo

 

Su naturaleza es ser dueños del aire y su razón de ser está en sus alas.
Encerrarlos por tener el placer de disfrutar sus colores o el virtuosismo de sus trinos es egoísta y mezquino.
Un pájaro silvestre en una jaula sin poder ser lo que tiene derecho a ser,
es como si tú sufrieras los martirios de la cárcel por tu belleza o tus capacidades como artista.


¡Ábreles las puertas y con ellos, tu alma también volará en libertad!


 
La urraca que
vuela en libertad
pero no se va
de Ogarenda.

En la Unidad de Cría es norma que todo pájaro rescatado es cuidado con mucha dedicación hasta el momento en que pueden volar. Entonces, son liberados con los sentimientos encontrados que esto produce. Se deja de ver a un querido amiguito, pero la libertad recupera a uno más de sus hijos, nacido para homenajear al cielo y cantarle a la vida.

Este es un simple primer paso tendiente a cumplir e inculcar el concepto de rehabilitación de las especies.

Asi, cardenales, piriritas, pájaros carpinteros, San Franciscos, torcazas, pequeños buhos, halconcitos colorados y muchos más, han llegado a Ogarenda como desvalidos y pequeñas criaturitas puro plumón y enorme pico abierto reclamando a su madre ausente, para regresar a la naturaleza fuertes y dispuestos a continuar su ciclo natural través de ese verdadero primer vuelo, en el que sus alas se adueñan de la libertad y la armonía universal de sus destinos.


Primavera del 2003.
Una mañana temprano, uno de los empleados del Botánico se encaminaba a su lugar de trabajo. La noche anterior se había desatado la lluvia acompañada de ráfagas de viento. El pasto mojado brillaba por un tímido sol que comenzaba a asomarse entre las nubes en retirada empujadas por la brisa sur.
De pronto, nuestro amigo nota algo que se mueve en el suelo. Un pichón de aka'ê, trémulo y desesperado, desconcertado por la ausencia de la tibieza y seguridad del nido trataba con sus torpes movimientos de encontrar el imposible camino de retorno.
A salvo en la tibieza de las solidarias y cariñosas manos, el pichón llegó a Ogarenda.
 
 
Octubre de 2003 / Abril de 2004.
El aka'ê, por su necesidad de ser alimentado por lo menos cada 2 horas fue trasladado a la casa de la doctora. De noche, dormía en una caja pequeña. En algunas ocasiones en que el la temperatura era baja, un foco de 40 watios sobre la caja lo mantenía con el calor necesario.

De día, instalado en una jaula en la reja de la ventana de la cocina tenía el sol y la sombra necesaria, era vigilado constantemente y alimentado regularmente. Una pinza quirúrgica suplantaba el pico de su madre. Al principio costó un poco, pero luego engullía su alimento con facilidad. Por su aspecto y torpeza, igual a la de cualquier pichón pero mucho más grande, se lo llamaba “pajarón” (nombre que derivó a otro que dejamos librado a la imaginación del lector) para terminar llamándose Bolón.

Un poco malcriado, costó un tiempo acostumbrarlo a que se alimentara solo. Cuando este objetivo se cumplió, estuvo en condiciones de regresar a Ogarenda para su período de adaptación camino a la libertad.


Con paciencia y constancia muchos pichones lograron sobrevivir y regresar a su
hábitat natura
l.
 
  Febrero/Mayo de 2004.
  Comienza a ser liberado de a ratos para que reconozca el entorno y   empiece a valerse por si mismo. Bolón tiene sus primeros   encuentros con otras urracas del parque, pero buscando la seguridad   y protección conocida regresa a su jaula.

  Septiembre de 2004 .

  Libertad sin restricciones. Nuestro amigo vuela de árbol en árbol e   incluso hace incursiones a zonas bastante alejadas. Es probable que   encuentre algo de alimento por allí, pero considera sagrada la hora   del almuerzo y entra en su jaula en la que encuentra su dieta   preferida: trocitos de manzana, carne molida, lechuga y granos   variados. Una vez cumplido el rito, nuevamente se va de paseo.

 
Por propia decisión opta pernoctar en la jaula. La gente encargada respeta su voluntad pero, a las 6 y 30 horas de todos los días, Bolón sale a disfrutar de
su libertad. En alguna ocasión decidió probar la experiencia de pernoctar por allí; incluso lo hizo una noche de lluvia y viento en vaya a saber qué árbol. Desde entonces, -libre pero no tonto- cuando el clima presagia tormenta, merodea por las cercanías para asegurarse refugio sin problemas.

Todos sabemos que el pájaro libre con su corazón cautivo, tal vez algún día encuentre su hembra y el instinto natural prevalezca.

No se puede adivinar qué pasará entonces.
Pero lo que ocurra estará bien: tanto la melancolía de quedarse con su recuerdo o la alegría de su regreso, será la satisfacción de haber homenajeado, simple y humildemente, una vez más a la vida.

Cosas de Bolón
  Es ladrón:
  Roba llaves, dinero y pequeños objetos como pinceles, válvulas de las canillas, etc. Todo lo que brilla lo fascina.
  Es compañero:
  Acompaña a la gente cuando prepara las comidas, pinta, arregla jaulas o limpia el lugar Si llueve y las tareas se detienen, Bolón es   partícipe infaltable en la reunión del grupo en la galería.
  Es guardián:
  Hace vuelos razantes sobre las cabezas de los nuevos visitantes, como marcando su territorio.
  Es limpio:
  Le encanta bañarse. Cuanto más grande es el recipiente, mejor.
Su tamaño es de 33 cm. De coloración llamativa
es bullanguera, curiosa y emite gran variedad de voces.
Habita en bosque secundarios y selvas.
 
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