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Una historia que pocos conocen

 

Nuesta grandota
y querida vecina

Maia

Su nuevo lugar está cerquita de nuestra Unidad de Cría,
en donde por fin disfruta de más espacio y tranquilidad.

Conozcan la historia de su llegada al Zoológico, en el año 1972.

Maia posiblemente sea el único ejemplar de su especie en más de mil kilómetros a la redonda. Es un símbolo del Zoológico asunceno. Pero hasta no hace mucho tiempo, sólo se podía reconocer su lomo sobresaliendo del pozo que le sirvió de hogar
durante décadas, mirándola desde la valla que la protegía de los visitantes, los que muchas veces le arrojaban comida con bolsitas de plástico, lo que le causaba problemas digestivos. Sobresaliendo del pozo, se veía a medias su cabeza en forma de corazón, en donde resaltaban sus pequeños ojitos tristones mirando hacia arriba y levantando la trompa como buscando el cielo.



La poco conocida
historia de Maia

Ella es una elefanta asiática, pero no sólo por su constitución fisica que la diferencia claramente de la especie africana, sino porqueademás fue gestada en tierras del Sol Naciente.

Gisela Koopmann, hija de quien trajo
a la elefanta a nuestro país recuerda:

“La madre de Maia pertenecía a una mujer heredera de la dinastía japonesa que donó el amimal preñado a un zoológico alemán.
La tierra teutona vio nacer al bebé paquidermo, que creció en
ese ambiente hasta cumplir un año.
Mi padre, Ernst, cerró un trato con el
capitán Aurelio Sosa, entonces director del Zoológico, por el que se comprometía a traer un elefante hasta aquí. Hablaron con Walter Sensen, quien estaba en contacto con personas vinculadas a los zoológicos alemanes.
Así fue que Sosa, Koopmann y un hijo suyo viajaron para elegir
el animal adecuado.
La más pequeña era la indicada, ya que tendría menos problemas para adaptarse a nuestro clima".

En abril de 1972 Ernesto Koopmann (h) se embarcó
en el puerto de Hamburgo junto con la elefantita y
otros seis ponis.
Luego de 28 días de travesía marina llegaron a Buenos Aires, donde subieron los animales a un camión rumbo a Paraguay.
Llegó en el mes de mayo, y como era hembra, la bautizaron “Maia”.
Su primera morada fue un pequeño cercado de madera.
Pero como estaba en plena época de crecimiento, pronto hubo de construirle un lugar especial, al que se le llamó “el pozo”.

Pedro José Jara, limpiador y cuidador de animales del Zoológico capitalino desde hace 20 años cuenta:
“Ya comía alimentos sólidos. Le gustaban la alfalfa, las batatas y el pasto verde.
Tenía un carácter muy agradable y le encantaba que le rascara la trompa. Esa relación fue muy importante porque cuando los compañeros bajaban a limpiar su ‘casa' yo la entretenía jugando con ella: le hacia mimos y nos tirábamos mutuamente cubierta viejas que son sus juguetes”.

La veterinaria Alicia Coppola afirma:
“Y no sólo eso. Gracias a esa relación, por ejemplo, podemos administrarle medicamentos, porque ella lo acepta de buen grado. Cuando tuvo problemas digestivos le llegamos a dar hasta nueve comprimidos de su medicina escondidos dentro de trozos de manzana para que se aliviara".
 
  El pozo donde vivió Maia más de 20 años, es de 10 x 10 metros y 2,5 metros de altura. Como su estatura es de cerca de 3 metros,
  el mundo de la elefanta medía medio metro hacia los puntos cardinales. Dejaba pasar los meses y los años sin más actividad que   arrojarse tierra sobre su reseco lomo, ya que ni introducirse en la pequeña piletita podía a causa de su poca profundidad, o jugar
  con sus ruedas-juguetes, tan redondas e iguales como los días que transcurrían.


Luego de la realización de una campaña organizada por la Fundación Jardín Botánico y Zoológico llamada "Arriba la Elefanta" , y gracias al aporte de muchas personas, Maia cuenta con con una rampa por la que sale del viejo "pozo", ahora mejorado y útil como refugio de invierno, hacia el nivel del suelo, en donde dispone de 750 metros cuadrados.

Ahora Maia está separada del público por una fosa y una cerca bien alta, su hábitat tiene una pileta mucho más grande y profunda y disfruta del cielo a
su alrededor.


Entérate que Maia...
Pesa 3.000 kilos, tiene una trompa que termina en un solo apéndice, al contrario de los elefantes africanos que tienen dos. Con ella se alimenta,
bebe, se rasca y hasta juega. Ingiere 150 kilos de comida por día: zanahorías, bananas, zapallo, batatas, alfalfa, balaceado, repollos y casi 2OO litros de agua. Tiene 35 años y puede vivir hasta los 70 u 80 años.
FUENTE: Archivo OGARENDA
DIARIO NOTICIAS: ALEX NOGUERA - Periodista .
JORGE SAENZ Fotógrafo - 1996
 


Elefante asiático

Elephas maximus

El enorme y majestuoso elefante es
el más grande e impresionante mamífero terrestre.

El elefante asiático tiene una silueta más redondeada que el africano y es más pequeño, no superando en los machos los 3 metros de altura en la cruz.

Otras diferencias:
La frente cóncava, las orejas más pequeñas y los colmillos no visibles en las hembras.

La trompa termina termina en un solo apéndice frente a los dos apéndices de la especie africana. Este apéndice le permite tocar, oler, ducharse, transportar alimentos a su boca y barritar, sonido de especial frecuencia de onda, con el que
se pueden comunicar a grandes distancias.






Elefante Africano


HÁBITAT:
Selvas tropicales.

DISTRIBUCION GEOGRAFICA: De India a China, Ceilan, Sumatra y Borneo.

ALIMENTACION: Hervívoro estricto. No rumiante. Se alimenta de hierbas, hojas,
arbustos y frutas.

ESTRUCTURA SOCIAL: Matriarcal. La unidad social principal es la manada, conducida
por una hembra vieja.

MADUREZ SEXUAL: Entre los 9 y 12 años.

NUMERO DE CRIAS: 1 - raramente 2 - con un peso al nacer de más de 130 kilogramos.

LONGEVIDAD: 70 años.


Clasificado en el Apéndice I de CITES desde 1973
  
- AMENAZADO DE EXTINCION -

 
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