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ArgumentoBasada en el Antiguo Testamento, la obra narra la historia de los hebreos cautivos en Babilonia. Fenena, hija de Nabucco, reemplaza a éste durante su ausencia. Abigaille, enterada de que no es hija de Nabucco como creía, planea matar a Fenena, quien se ha convertido a la fe hebrea, y se apodera del trono. Aparece Nabucco y retoma la corona, proclamándose a sí mismo divino. Pero es inmediatamente derrocado y se vuelve loco. Abigaille ahora tiene el poder y planea matar a los prisioneros. A orillas del Eufrates los prisioneros cantan la pérdida de su madre patria. Nabucco, que ha recobrado la cordura, ve desde la prisión como Fenena está por ser ejecutada y ora a Jehová. Liberado por Abdallo, capitán de la guarida, Nabucco y sus hombres derrocan a los falsos ídolos, y rescatan del patíbulo a Fenena. Todos se juntan en agradecimiento y oración, pero aparece Abigaille, quien sorprende con una fatal decisión.Acerca de la obra El compositor alemán Otto Nikolai (autor de Las alegres comadres de Windsor) había cosechado prometedores éxitos en la Scala de Milán. Entre los libretos que se le habían ofrecido para ulteriores composiciones, se encontraba también el proyecto del libretista Solera para Nabucco. Pero Nikolai no se interesó. Merelli, el empresario de la Scala , un nombre que casi merece el título honorífico de profeta de Verdi, insistió al joven compositor italiano para que pusiera música a aquel argumento. Mostró con ello una confianza fuera de lo común, pues Verdi había triunfado con Oberto pero también había fracasado totalmente con Un giorno di regno. Además, al compositor le había afectado profundamente la muerte de su joven esposa y sus dos hijos. De manera que atravesaba por una profunda crisis anímica. Merelli impuso formalmente el libreto al compositor. Cuando éste lo arrojó sobre la mesa al regresar a su casa, se abrió solo y Verdi leyó la frase "Va pensiero sull'ali dórate...". En el mismo instante se le ocurrió la melodía para estos bellos versos. Y escribió la ópera en un arrebato creativo sin pausa. Desde los primeros compases de la obra, los melómanos más expertos habían presentido algo inhabitual. Los contrastes de colores, las oposiciones de matices y una pulsación rítmica desconocida, daban un gran atractivo a la obra. La continuación no hizo sino confirmar a los espectadores en esa opinión, al mismo tiempo que ganaba la adhesión y luego el entusiasmo de toda la sala. En cada entreacto, las conversaciones aportaban precisiones: Nabucodonosor, según algunos, había sido confiado al joven desconocido porque el famoso Nicolaï, llamado a importantes funciones en Berlín, rechazó el libreto de Temístocles Solera. Según otros, Josefina Strepponi había insistido en cantar el papel de Abigaille. Los mejor informados daban a entender que la obra era superior a lo que ya se había escuchado. Los más vehementes aseguraban que aquella noche haría época en la historia de la Scala y la ópera, no faltando quienes llegaran a predecir el descubrimiento de un genio. Nabucodonosor, representada cincuenta y siete veces en cuatro años, lo que constituía un record sin precedentes en los anales milaneses, se convirtió rápidamente en Nabucco, como si por ese sobrenombre familiar, cada cual la integrara a los suyos. Verdi reconoció que su ópera había nacido con buena estrella, pues todo lo que había ido en su contra, se volvió a su favor. El gran éxito de Milán repercutió rápidamente en los centros más importantes de Europa: Viena, Lisboa, Barcelona, París, Madrid, Londres, Nueva York, Suiza y Alemania. Hoy en día, la obra considerada por los especialistas una de las más importantes creaciones del compositor de Busetto, de obligado repertorio en todo el mundo, es Nabuco. El libretistaTemístocle Solera ( Ferrara , 25 de diciembre de 1815 - Milán , 21 de abril de 1878 ), escribió los libretos de algunas de las primeras óperas de Giuseppe Verdi , quien lo llamó para que colaborara en Oberto, Nabucco, I lombardi, Giovanna d'Arco, Attila. Su arte dramático respondía a la ópera que dominaba en la época. En Nabucco particularmente, hay una serie de escenas que revelan un genio dramático poco común.El compositor Giuseppe Fortunino Francesco Verdi es uno de los gigantes de la ópera italiana y el arte universal, hijo de campesinos analfabetos, nacido a las ocho de la tarde del 10 de octubre en Le Roncole, ducado de Parma, entonces bajo el dominio de Napoleón. Estudió música en Busseto, siempre dentro de la Emilia-Romaña , región administrativa del norte de Italia, bajo la protección del matrimonio Barezzi, con cuya hija Margherita se casó. En 1832 fue rechazado por el Conservatorio de Milán por carecer de talento musical. Su primera ópera, Oberto, Conte di San Bonifacio (1839), fue recibida con frialdad, y su segundo estreno, la comedia Il finto Stanislao (1840) sufrió un fracaso tan estrepitoso que las funciones posteriores tuvieron que ser canceladas. Para colmo, murieron su esposa y sus dos hijos, Virginia e Icilio. Verdi pensó en dejar la música. De pronto, ocurrió el milagro. Su tercera ópera, Nabucco (1842), escrita en menos de tres meses, triunfó en La Scala , y lo convirtió en una celebridad instantánea. Eso se debió no sólo a la bella y ya consagrada soprano Giuseppina Strepponi, quien encarnó el papel de Abigaille, y de la que se enamoró, sino al acierto de enlazar su obra a profundas circunstancias políticas que latían en el alma popular: los judíos cautivos en Babilonia, de Nabucco, fueron inmediatamente interpretados por los italianos como símbolo de sus sentimientos contra el gobierno austriaco que tiranizaba los ducados de Parma, Toscana y Módena. Los coros de Nabucco e I Lombardi (1843) empezaron a ser cantados en las calles por las masas sedientas de libertad. En 1844 estrenó su primera ópera basada en una obra de Victor Hugo, Ernani, el gran manifiesto romántico, con inmenso éxito. Le siguieron varias otras óperas, todas con la misma suerte, entre ellas Macbeth (1847), la primera de las tres inspiradas en la obra de Shakespeare. El niño pobre se convirtió en millonario, adquirió el Palacio Dordoni, en Bussetto, mientras su relación con Giuseppina se afianzaba y el movimiento unificador del Risorgimento adquiría fuerza, y tras la muerte de Bellini y Donizetti y el retiro de Rossini, quedó como el astro máximo de la ópera italiana. Floreció entonces la inmortal trilogía de Rigoletto (1851), Il Trovatore (1853) y La Traviata (1854). Hartos de la envidia y los prejuicios pueblerinos de Busetto, Verdi y Giuseppina se mudaron a París, y finalmente se casaron el 29 de agosto de 1859 en Collonges-sous-Salève, cerca de Ginebra. Verdi fue elegido diputado, financió la adquisición de armas y municiones para las tropas del revolucionario Giuseppe Garibaldi, y las calles se inundaron del grito "Viva Verdi", expresando el anhelo popular de unificar Italia bajo "Vittorio Emanuele II Rè d´Italia". Los estrenos de Un Ballo in Maschera en Roma (1859), La Forza del Destino en San Petersburgo (1862) y Don Carlo en París (1867) fueron aclamados calurosamente. Para su profundo orgullo como viejo militante liberal, Verdi presenció la proclamación de Roma como capital de Italia en 1871. A fines de ese año se estrenó Aida en El Cairo. Sus últimos años los dedicó a construir hospitales y brindar toda clase de ayudas para gente necesitada, entre ellas, una Casa de Reposo en Milán para músicos ancianos, y a componer sus tres grandes obras postreras, la Misa de Requiem (1874), y las óperas Otello (1887), y Falstaff (1893). En 1887 fue nombrado Ciudadano Honorario de Milán (la ciudad cuyo conservatorio había opinado que carecía de talento), y en 1894 fue ingresado a la Legión de Honor de Francia en el máximo grado. Su gran compañera Giuseppina murió en 1897. Verdi sufrió un derrame cerebral en la calle del Grand Hotel de Milán y murió pocos días después, a las 3 de la mañana del 21 de enero de 1901. Fue enterrado de manera muy sencilla en el cementerio de Milán, según su deseo, sin música ni cánticos. Sin embargo, un mes después, los restos del gran creador y de la soprano fueron trasladados para su descanso definitivo a la Casa de Reposo, acompañados de miembros de la Casa Real de Italia, parlamentarios, diplomáticos, compositores como Puccini, Mascagni, Leoncavallo y Giordano, y una multitud de cien mil personas, que se unieron a las voces del coro de La Scala , dirigido por Arturo Toscanini, para entonar el indomable himno "Va, pensiero" de Nabucco. © 2008 Municipalidad de Asunción
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